lunes, 26 de abril de 2010

París no es solo para los enamorados. (III)

En apenas unos días había conocido hasta los lugares más recónditos de tu cuepo milímetro a milímetro. Acariciaba tu espalda con los ojos cerrados y sentía la textura de tu piel fundirse con la de las yemas de mis dedos. Me gustaba  acariciarte, sentirte tan cercano a mí. Me gustaban tus abrazos. Tu calor, tu olor, tú.

 Le estaba empezando a coger el gusto a eso de que nos perdieramos por la capital francecsa. Llevabamos tres días sumergidos en la ciudad de la luz, Paris, y tú seguias riéndote de mí cuando chapurreaba algunas palabras en francés. Que quieres que haga querido, no es uno de los idiomas que más domine, pero algo es algo. Tú en cambio hablas mejor que algunos franceses, o de eso presumes, pero como no entiendo ni la mitad de lo que dices pues te creo, que remedio.

Nos ponemos en la cola para subir a la Torre Eifel. Me agarras por atrás, abrazandome. Noto tu respiración cerca de mi cuello. Me giro y te dibujo un fugaz beso en los labios. Sonries y me regalas tú a mi otro.

- Dios, llevamos aquí más de dos horas y esto no avanza...- digo mosqueada mientras me llevo la botella del agua a los labios para dar un trago.

- Tranquila, Angie, tenemos todo el tiempo del mundo...- dijiste sonriendo.

- Lo has vuelto a hacer, ya ni me acordaba....-suspiré al entender tu sonrisa - Me has llamado Angie, como aquella canción de los Rolling...- volviste a sonreir.

- ¿Te acuerdas aún de aquel día...? - preguntaste mientras una luz crecia en tus ojos.

Cómo olvidar aquel día, pensé. Fue nuestro primer viaje juntos. Un fin de semana perdidos en algún lugar entre el cielo y el suelo. Suspiré. Lo recordaba a la perfección. Encontramos un desvío en la carretera y sin pensarnoslo dos veces entramos. Nos encontramos de pronto en un camino de tierra con pequeños matorrales en los bordes. No sé como tu vieja furgoneta fue capaz de salir de allí sin que tuviese que venir la grua a buscarnos. Llegamos al final a un pequeño claro al pie de un acantilado. El cielo se mezclaba en tonos azules, perfectos.  A lo lejos las montañas tapaban al Sol que pronto daría paso al brillo blanco de la luna. Nos quedamos un rato en silencio contemplando aquel irrepetible atardecer. Me giré para mirarte. Al rato te giraste tú y nos miramos los dos. Era uno de esos momentos en los que sobran las palabras...era casi perfecto hasta que tú dijiste lo de:
- Joder, tengo que entregar el proyecto dentro de apenas una semana y todavía me quedan un par de cosas por hacer.

- ¿Tienes que estropear siempre los buenos momentos?- pregunté mientras daba volumen a la radio.

- Angie - dijiste tú.

-¿Qué?, te iba a perdonar porque era sobre el proyecto y se que es muy importante para tí, pero si me has confundido con alguna de tus ex, eso si que no te lo perdono...- dije con una sonrisa amenazante.

- No, tonta...-sonreiste tú - en todo caso te confundiría con una de mis amantes - dijiste enarando las cejas.

- ¿Tus amantes? Ah! que tienes varias, que solicitado está el caballero...yo solo tengo uno - dije guiñándote un ojo- y entre él y tú voy bien...

- Anda...no seas idiota que sabes que desde que te conocí no he vuelto a mirar a ninguna otra mujer, pasan a mi lado y es que ni las veo ¿eh? se han vuelto invisibles todas las mujeres del mundo a mis ojos, menos tú...y mi madre claro! - bromeaste y después me diste un pequeño beso en la mejilla.

- Sí, sí...seguro - suspiré - entonces dime, ¿a qué viene lo de Angie?

- Escucha - dijiste dando aun más volumen a la radio - es el nombre de esta canción de los Rolling, Angie.

Suspiré. El cielo estaba  cada vez más bonito. Te miré detenidamente. Aun lo recuerdo todo perfectamente; tu vieja furgoneta,  nuestras ganas de comernos el mundo, tus Ray-Ban oscuras, tus vaqueros rotos y aquella camisa de cuadros que comencé a desabrocharte despacio...Sí, lo recuerdo...
Y es que, que bien lo pasamos esa tarde al ritmo de aquella canción de los Rolling.

3 comentarios:

Javi dijo...

Locos, locos que pierden ganando sus vidas, vidas de arena, disueltas en alguna playa desierta, cerca de una memoria inequívoca que siempre sueña con...

Porque Paris no es para enamorados
Un besoo!! :)

Pio dijo...

Que historia!!, me ha tocado leerme lo anterior, despues de este trocito.
Todo fluye a través de la música :)

Saludos!

Sergio dijo...

Me encanta esta serie de relatos, y me encantan esos pequeños momentos que viven los enamorados, con esos detalles como la canción que suena de fondo en la radio o cualquier otro detalle tonto que les hace sentir algo especial por dentro. Sublime!