jueves, 27 de mayo de 2010

París no es solo para los enamorados. (IV)

Cuando abrí los ojos no estabas. Me cegó el Sol mudo entrando a escondidas por la ventana de la habitación del hotel. Me revolví entre las sábanas, tapándome la cara. Miré la hora en el movil. Eran las 9 y 30 de la mañana. Desde la cama observé a los pájaros que volaban felices al otro lado de la ventana. En el suelo aún estaba tirada la ropa, tal y como la dejamos la noche anterior. Sonreí al recordar como te quitaba las bragas, que quedaron colgadas del respaldo de la silla de madera. Gran noche la de ayer, pensé. Sonreí de nuevo.
París, París, cuantas alegrías me está dando esta ciudad. Tengo miedo de que al volver a España las cosas no sean lo mismo, y más cuando me vaya a Berlín y estemos nueve meses sin vernos apenas. Durante estos días me he acostumbrado tanto a tí que no creo que pueda hacerme a la idea de que no seas tú lo último que vea al acostarme y lo primero que vea al despertar por la mañana. Berlín...tanto esfuerzo por conseguir la beca para ir a estudiar allí y ahora no sé ni siquiera si de verdad quiero ir.

Oigo como abres con cautela la puerta de la habitación. Me hago el dormido. Te quitas los zapatos intentando hacer el menor ruido posible y te tumbas junto a mi en la cama. Me giró de repente y te agarro entre mis brazos.


- ¡¡Idiota!! - gritas mientras intentas escapar - menudo susto me has metido, imbecil. - me encanta cuando me insultas, así con esa forma tuya de hacerlo que suena hasta romántico. Hundo mi cabeza en tu cuello y aspiro tu perfume. - me haces cosquillas - dices riéndote mientras te revuelves para lograr soltarte - ¡déjame, déjame!

- No decias lo mismo anoche...- siempre me había hecho ilusión usar esa frase en mi vida, y no ví mejor oportunidad que esa. Ví tus ojos preparados para el ataque. Pero te quedaste callada y sonreiste tras morderte insinuante el labio inferior. Me gustas, y mucho.

Me acordé entonces de aquella tarde, en tu casa. Tus padres se habían ido a no sé donde a pasar el fin de semana. Me invitaste a ver una peli y a cenar, así en plan novios, como tú decias. Recuerdo como odiabamos esa palabra y lo sería que nos parecia. "Novios" sonaba a compromiso, y a ninguno de los dos nos gustaba el compromiso. Éramos tan ingenuos, tan felices, tan idiotas, tan nosotros... Al final terminé teniendo que ir al videoclub a por la película. Una de miedo, pensé. Con las tías nunca falla, se asustan, te abrazan, y luego quieren que las acompañes a todos sitios por si aparece algún monstruo. Me reí para mis adentros al imaginarte abrazada a mí, asustada ,como una niña pequeña. Me tocó a mi también hacer la cena, mientras tú ponias la mesa. Un par de pizzas pre-congeladas de jamón york y queso. Ya conoces mis pocas habilidades culinarias...

La película era la típica americanada de esas de las que sabes el final de ante mano. La chica guapa que se queda con el musculitos que rompe la maldición. Solo que el plan falló, y Tú te partias de risa en casi todas las escenas mientras yo hacía como que no me daba miedo, he intentaba ocultar lo máximo posible el terror que recorria mi cuerpo.

- Tengo miedo...- dijiste sonriendo cuando terminó la película. - me acompañas a mi habitación...- yo sí que tenía miedo, de la película, y de tí. Y no sé a qué le temía más.

Me diste un beso de esos de campeonato mientras casi me arrastrabas a tu habitación. Joder, si una película de miedo te ponía así no me quiero imaginar una de esas de amor. Sonó de repente tu movil. Me acerqué para ver quién era. "No seas cotilla" refunfuñaste mientras me dabas un palo en el brazo.

- ¿Sí? Ah! mamá...-dijiste efusiva - sí, me he quedado al final en casa, tenía que estudiar para un examen de Literatura...- mentíste mientras me mirabas divertida- tranquila mamá, ya he cenado, siiiiiiii....valee...-suspiraste- ¿cómo está papá? - preguntaste interesada - me alegro, ¡pasadlo bien! - te sentaste sobre la cama - estate tranquila...que ya soy mayorcita...si, tranquila...vale. Adiós, un beso.- y miráste para arriba como diciendo "que pesada".

- ¿Estudiando literatura? - me eché a reir - ¿no había una asignatura mejor?...esa se me daba muy mal cuando estaba en el instituto.

- Eres un idiota ¿eh? - musitaste sonriendo - he dicho lo primero que se me ha pasado por la cabeza.

Nos quedamos un rato en silencio.

- ¿Y bien, por dónde ibamos? - me pregunté en voz alta - Ah sí...te quiero, cariño.

- Anda...-dijiste mirándome de arriba a abajo - déjate de cursiladas y quítate los pantalones.

Te miré sorprendido.

- ¡Tranquila gata salvaje! - exclamé - ¿a qué viene tanta efusividad? ¿qué celebramos? - pregunté acercandome hasta tí.

- Pues, celebramos que nos hemos conocido...que nos queremos, que estamos vivos y que el mundo nos da igual. - dijiste mientras dejabas caer al suelo tu vestido azul.

Oh, bonita, que bien te sientan tus diecisiete años, pensé.


"He dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco.
No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando"

7 comentarios:

S. dijo...

Me entran ganas de irme a Paris...

Esthertxu dijo...

Es lo que tiene París... que excita los sentidos.
Buen relato. Te leo.
Un saludo,

María dijo...

Como siempre, fastástico relato :D

Javi dijo...

Espero que escribas todo esto en horario infantil, porque como sigas así...
jajaja

Un besito :)

DANYGIRL dijo...

OOOhhh...sí,...me ha gustao..sissisis!!
París!!!

Winter Star dijo...

Ahhh me encanta!! :DDDDDDDD

Marina dijo...

:)