viernes, 9 de julio de 2010

París no es solo para los enamorados. (VI)

Último día en Paris. Mañana por la tarde terminará el sueño. Cogeremos ese avión que nos devuelva a España, a casa. El tiempo aquí parece haber pasado más despacio. Juraría que en vez de una semana, hemos estado aquí años. Junto a Ella los días son infnitos. Perfectos. Diferentes. Apasionantes. No quiero volver.
 No quiero tener que despedirme de Ella cuando me vaya a Berlín. No podría soportar nueve meses sin estar cerca suyo. Ni siquiera me creo capaz de soportar esa distancia más de dos días. Y es raro. Porque he vivido veinte años sin  saber siquiera que existia, sin echarla en falta. En cambio ahora es imprescindible. Además, veinte años no son nada, dice el tango.


- ¿En qué piensas? - dice juguetona mientras me abraza por la espalda.

- En tí. - beso suavemente una de sus manos. LLeva puesto el perfume que le regalé.

- Mentiroso...- me reprocha mientras se sienta sobre mis rodillas.

- Incrédula. - la acojo entre mis brazos - te quiero, bonita.

Sonríe. Y pienso que París no podrá llamarse "la ciudad de la luz" cuando no esté aqui Ella. Porque no he visto cosa que pueda brillar más que su sonrisa.

- Venga vamos...aún nos queda todo un día por delante - dice mientras se pone en pie decidida - no querrás quedarte de brazos cruzados sabiendo que nos vamos mañana...

- ¿Tenías que recordármelo? - la miró haciendo como que me enfado - que sepas que pienso secuestrarte...- y hago un intento de reirme como los malos de las películas, pero no me sale y es ella la que se ríe de mí.

- No me dejaría secuestrar por un malo tan pésimo como tú - me ataca mientras echa a andar.

- ¿Malo pésimo? Yo soy bueno en todo, mon amoure, incluso en ser malo...- y pongo esa cara de flipado que tan poco le gusta, sólo para ver esa reacción suya que tanto me gusta a mí.

- Anda vamos..."Don Soy bueno en todo incluso en ser un completo idiota" - dice con rintintín.

- eh! yo no he dicho lo de ser un completo idiota... - vuelvo a poner la cara de flipado - ¿Tú crees que con esta cara de guapo puedo ser idiota?

- No lo creo, my darling, lo sé- y me guiña un ojo. Después me coge de la mano y me arrastra tras de sí.

Caminamos despacio, saboreando todos y cada uno de los pasos que damos. En cambio, los franceses hablan muy rápido, como si tuviesen prisa por terminar las frases. Pero lo hacen en un tono melódico. No como en España, que hablamos fuerte, casi a gritos, como si necesitásemos a toda costa hacernos oir. Sonrío, porque ella me acaricia la mano mientras andamos. Paramos en una pequeña cafetería a tomar unos creppes con chocolate, con muucho chocolate. Entonces a ella se le iluminan los ojos. Me mira extasiada y dice:

- ¡Tengo una idea! Bueno...en realidad lo llevo pensando unos días...pero me daba cosa decírtelo. Es una locura. - las palabras se le amontonan en la boca - pero he estado pensando y ¿qué más da? ¿no está acaso la vida hecha para cometer locuras de vez en cuando? Y bueno, si quieres, si tú quieres...

- ¡Venga va! Dilo de una vez, que creas más expectación que esos programas de la televisión...- dije mientras me metía a la boca el último trozo de creppe.

- Se trata de hacer un pacto. Una promesa, más bien. - dice ella ilusionada.

- Necesito saber los detalles...

Pagamos la cuenta y vamos hasta uno de los puentes que hay camino del Louvre. El Sena, bajo nuestros pies, mecia tres o cuatro barcos cargados de turistas. Llegamos a un parque pequeño, casi escondido. En él habían apenas una fuente y un par de bancos desgastados por la lluvia y el tiempo.

- Este es el parque del beso...-dice ella con voz misteriosa - cuenta la leyenda, que dos amantes condenados a estar separados, planearon escapar de sus casas y citarse aquí junto a esta fuente. Esa noche el plan iba sobre ruedas, él la estuvo esperando sentado junto al agua. Cuando ella llegó se fundieron en un mágico beso. El primero. Y el último. Porque el padre de esta la había seguido hasta el lugar, y para salvar así su honor asesinó a los dos amantes, cuyas almas siguen encerradas en aquel beso eternamente.

- ¿cómo sabes esa historia? - la miro sorprendido.

- Me la acabo de inventar, gilipichi - y se echa a reir la muy cabrona. Y no se le ocurre otra cosa que tirarme un poco de agua a la cara - Espabila atontao, que te lo crees todo.

- Siempre he pensado que tienes dotes para la escritura...deberías dedicarte a ello...- le guiño un ojo.

- También podría ser actriz...porque "tú" en la cama no eres tan bueno como "yo" hago parecer que eres - y me sonríe con ese alarde de superioridad, arqueando las cejas y moviéndolas de arriba a abajo. - ¡que es broma otra vez!, no ves como soy buena actriz también...- sonríe.

- Esta noche a pan y agua. Ya sabes. - y hago un intento de amenazarla. Aunque sé que luego seré incapaz de cumplir esa amenaza.

- Tú te lo pierdes, guapito. - y me mira con esos ojos oscuros que tiene.

- Voy a tener que prohibirte que me mires así...- suspiro - no es posible que seas capaz de manejarme de esta manera con solo mirarme, gatita. - la rodeo con mis brazos - ¿Y bien, vas a contarme ya tu promesa secreta esa?

- Quiero que me prometas que vamos a volver a vernos aqui. Justo en este parque. Dentro de exáctamente nueve meses. El diecinueve de Junio del próximo año. - suspira - y quiero que nos hagamos un tatuaje.

- ¿Un tatuaje?

- Sí. Un tatuaje con un significado que solo tú y yo seamos capaces de entender. Que nos ayude a recordar esta promesa. Que simbolice este viaje y todo lo que somos. Que sea para siempre. ¿Te atreves?

Y me mira con esos ojos de gata que pone y soy incapaz de decirle que no, a nada.

- Está bien - musito. Ella me da un cálido beso en los labios. - Vamos, no nos queda mucho tiempo, princesa.

Llegamos a la tienda de tatuajes. Hay murales colgados en la pared con símbolos tribales y dragones de todos los colores y tamaños. Suspiro. Tengo miedo, pero aún así me hago el duro. Ella me agarra la mano, fuerte. "¿Estás preparado?" pregunta. "Nací preparado, baby" siempre me ha hecho ilusión encontrar un momento en el que usar esa frase que recuerdo de no se qué película. Ambos nos sentamos en la silla que los tatuadores nos indican. Son un matrimonio bastante particular. El hombre lleva todo el pecho y los brazos tatuados, lleva la cara de la chica en uno de ellos y una especie de calavera en el otro. Da mal rollo, pero parece buena persona. La mujer lleva una especie de paisaje, como una playa en la que un par de delfines saltando sobre el agua forman un corazón en el que se lee un nombre y un "Je t'aime". Que romántico, pienso en tono irónico.

Tardamos apenas dos horas en hacernos el tatuaje. Es pequeño, pero lo suficientemente grande como para ser visto con claridad. Nos lo hemos hecho en la parte interna de la muñeca. Ella en la mano derecha y yo en la izquierda, porque son esas manos las que nos agarramos cuando paseamos. Me quedo un rato mirándolo. Aún está un poco inflamado y rojo. Pero el tío del tatuaje de la calavera me asegura que en un par de días estará en perfectas condiciones. Eso espero, pienso antes sacar la cartera para pagarle.

Llegamos al hotel. Hace una noche preciosa. La última noche en parís hasta dentro de exáctamente nueve meses. Hacemos el amor y nos despedimos a nuestro modo de esta bonita ciudad. Después nos quedamos abazados mirándo la inmensa luna llena que se refleja tras el cristal.

- Infinito...- suspiro.

- Sí, es bonito el tatuaje ¿eh? - dice mientras levanta mi mano para ver con más claridad ese símbolo con forma de ocho acostado que representa el infinito.

- Sí, bonito como tú. Infinito como este viaje, como nuestro amor. - y la beso con ternura notando el tacto de sus labios con los mios, de su lengua contra la mía. Toda ella en un beso. Infinito. - Tengo miedo...- digo mientras ella me abraza apoyada en mi pecho.

- ¿ A qué?  - pregunta dubitativa.

- A que nos distanciemos. A que surgan problemas entre nosotros y nos peleemos. Hasta el punto de no querer volver a vernos nunca más...tengo miedo a que dentro de nueve meses no acudamos a nuestra cita y rompamos esa promesa. Nueve meses es poco tiempo pero mucho a la vez. Pueden pasar muchas cosas en todo ese tiempo. Puede que dejemos de estar enamorados...¿no lo has pensado? - suspiro.

- Sí, lo sé. - susurra ella, mientras acaricio su larga melena - pero tranquilo, vendremos a esta cita pase lo que pase. Aunque lleguemos a odiarnos. Aunque nada sea lo mismo que antes - dice antes de besarme el cuello con dulzura. - No te preocupes cariño...-susurra de nuevo- recuerda que, Paris no es sólo para los enamorados - sonrie.

8 comentarios:

Tom dijo...

Que gran texto, yo una vez hice algo parecido, fue uno de los peores momentos de mi vida, el ver a alguien que deseabas convertido en... nada. Todo extinguido.

Cristina dijo...

oohh!! super bonito el final, no me esperaba Q se desvelara de ese modo el título... =D

María dijo...

Sin palabras.

Javi dijo...

Se nota que tienes como una idea de cómo te gustaría que se desarrollase ty vida en un futuro, repites una serie de cosas :)

Me ha encantado esta historia, el final es genial y te agradezco los buenos ratos leyendola.

PD: "Paris, la ciudad de la luz"...Desde mi punto de vista, se ha gastado esta ciudad tal y como le ha pasado a Venecia...La idea de la pequeña cafetería con sus aromas nunca se perderá, pero suele ser lo menos vistoso para la gente de Paris, Amsterdam por ejemplo la veo preciosa, al igual que Brujas...Desearía estar allí

Un besoo!! Pequeña escritora ^^

Anónimo dijo...

=)=)=) tenia ganas de leer esto hace muchoo tiempoo,, es perfectoo¡
tequiero gatita

miguelin dijo...

precioso¡¡ Deseo de corazon que los dos acudais a esa cita.

La chica de las sonrisas dijo...

Guau! Aquí huele demasiado a amor. Incapaz será de gastarse en tan poco tiempo ;)

Winter Star dijo...

Buahh, qué final :) Me encanta ^^ la verdad es que no me lo esperaba para nada.

Escribe más historias así, aunque luego nos dejes con la intriga hasta el capítulo siguiente ;)