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martes, 11 de octubre de 2011

La noyée.

Siempre me decía que quería vivir en Siberia. Significa "tierra dormida", me contó mientras la señalaba en el mapa. Quería huir, a todas horas, constantemente, de todo. Era una necesidad imperiosa suya. Le gustaba la distancia y el frío. Y Siberia era lo bastante distante y fría como para forjar allí su propio paraíso personal.

Me la encuentro sentada frente al piano. Coloca meticulosa las partituras de su canción favorita, que forma parte de la banda sonora de Amelí, su película favorita, en la que sale Audrey Tatou, que no es su actriz favorita...pero cuya sonrisa si está en su libro de "cosas favoritas". 

Me acerco despacio. Me pongo tras su espalda y dirijo todo su pelo hacia el hombro derecho, dejando al descubierto parte de su cuello. Deslizo mis dedos por su piel, como si fuesen éstos pinceles y ella uno de mis lienzos. Ni siquiera se inmuta. Aproximo mis labios y le cambio un beso por el placer de aspirar su perfume. 

Comienza a tocar. Se sumerge en ese mundo suyo al que solo me permite entrar a veces. Respira fuerte. Acelera el ritmo. Pulsa las teclas con furia. Tiene los dedos tensos. Rígidos. Tan rígidos que parece que van a quebrarse en cualquier nota. Se levanta de golpe. Grita. Grita mucho. Tira de un golpe todas las partituras. Intento detenerla, pero no me deja. Se retuerce entre mis brazos como una culebra venenosa.

Entra a su habitación y busca uno a uno en todos los cajones. Los abre sin cuidado. Lo saca todo y lo lanza al aire. "¿dónde coño la metí?", se grita a si misma. Observo desde el marco de la puerta la situación sin saber muy bien como actuar. Entonces sonríe. Pone una sonrisa loca y colérica a su cara. Pone una sonrisa a su cara de loca colérica. Y luego se vuelve otra vez inexpresiva. Seria. Furiosa. Saca del cajón del armario una caja de madera. La abre y tira sobre la cama un montón de papeles escritos a máquina. Comienza a romperlos todos. Sin descanso. Sin piedad. Como si le fuese la vida en ello. Y grita. Se detiene. Me acerco. Se aparta violentamente de mi. Me acerco de nuevo y la sujeto, fuerte. Intenta escapar, pero se lo impido. "¿qué cojones te pasa?", es lo único que alcanzo a decir. No responde. Sigue retorciéndose. Me muerde el brazo. Consiguiendo así librarse de mi. Grito. También yo comienzo a gritar. Miro al suelo. Hay poemas. Poemas rotos. Versos fragmentados. Palabras resumidas a virutas de papel. Y ella sigue destrozándolo todo. Asesina y víctima de su propia masacre. La sujeto de nuevo. Le grito que se esté quieta. Pero no me hace ni puto caso. La tiro sobre la cama y me pongo encima. Le sujeto los brazos. La inmovilizo. Respira rápido, y fuerte. Escucho incluso el latido de su corazón. Comienzan a deslizarse una orquesta de lágrimas por sus mejillas. Y llora, llora mucho. Llora como si quisiese inundar la habitación para ahogarse y morir allí mismo. 

Le suelto las muñecas y me siento a su lado. No le quedan ánimos, ni fuerzas para declararme otra vez la guerra. Agacho la mirada y vuelvo a ver los cadáveres de papel que yacen sobre el suelo.  Para de llorar. Mira fija al techo. Clava su mirada fiera en el puto techo.

- ¿Qué te pasa? - le pregunto.

-  Tengo frío. - dice.

Me tumbo junto a ella y la abrazo. El silencio absoluto me arde por dentro.

- ¿Qué estás haciendo? - digo sin poder ni siquiera mirarla. Incapaz de asimilar cualquiera de sus posibles respuestas.

- Destruirlo todo - suspira - Destruirme. 

5 comentarios:

Yellowprincess dijo...

Destruir lo que te importa es como destruirte a ti mismo, bombardear tu propio corazón, y darte cuenta tarde de las bajas sufridas.

Ross Shakesheave dijo...

Los cadáveres de papel que ya no se podrán recuperar...
Romperse el alma de esa manera es una forma de reinventarse, y a veces es necesario aunque duela.

Javi dijo...

Caótico.

Aunque estuviera mal, no sé si podría emular tu historia.

(No creas que vas a ser apta porque te pongas a destruir cosas, a destruirte)

Naoko dijo...

Destruyete. No te servirá para nada.

Fernando dijo...

Me gusta como escribes, especialmente los cuatro primeros párrafos en que describes los movimientos y sensaciones. Ese desorden caótico de papeles rotos parece incluso transmitirse con el siguiente párrafo más largo al estar fragmentado con: mensaje corto. mensaje corto. mensaje corto. mensaje corto.

Me agrada la expresión y ya sería genial, por supuesto, si se supiera por qué se autodestruye (aunque también puedo entender que no se cuente esa parte).

PD: me gusta, y poco de lo que leo de la gente de nuestra edad suscita esto.
Un abrazo.