Lo que hay aquí:

domingo, 6 de noviembre de 2011

Fuimos viento.

No sé lo que me pasa. Será este puto viento de otoño, que me arroja con violencia a los amores del pasado. Por eso odio el viento, porque tú y yo lo fuimos, durante un instante efímero que me pareció toda una vida. Fue como si hubiésemos creado algo que murió antes de nacer. Fuimos viento y caímos en picado, atrapados entre las hojas secas de ese libro que escribí pensando en ti, y tú guardaste en el cajón de tu mesita de noche, junto con aquella foto sin sentido que resumía nuestra historia en blanco y negro. Fuimos viento, fuimos el verbo hecho carne, el verbo en carne viva. Fuimos viento, fuimos dos perros  callejeros enamorados de la luna en cuarto creciente. Te quise, más de lo que he querido a nadie nunca. Y me consta que tú también me querías, a tu manera, con ese silencio irritante grabado en los labios; con esas manos perfectas, expertas en acariciar sueños. Te quiero, aunque no te lo merezcas, aunque haya intentado matar tu recuerdo más de una y dos y quinientas mil veces, en vano.  ¿Sabes?, he encontrado tus cartas, sin venir a cuento. Las escondí aquel día de verano, cuando el sol se nos clavó en los ojos y nos iluminó tanto que nos dejó ciegos. Y mudos. Y sordos. Incapaces de hacer nada al respecto, incapaces de salvar un amor herido, enfermo, moribundo, que pedía auxilio derribado en la orilla de nuestra playa. He encontrado tus cartas y me he drogado de nuevo con promesas imposibles. Ha sido como si estuvieses aquí, a mi lado, en mi cama, susurrándome todas y cada una de las palabras que escribiste en otro tiempo, aunque por aquel entonces tuviesen el mismo sentido nulo que ahora. Podría tirar a este puto viento de otoño todos tus recuerdos, para que los absorbiera, para que los alejara hasta los confines de este horizonte que atardece. Pero no quiero olvidarte. No puedo hacerte eso. Aunque te lo merezcas, aunque te lo hayas ganado a pulso, aunque seas el protagonista de (casi) todas mis noches azules. Ni con toda el agua del mundo podría apagar esa cerilla débil que aún me une a ti.  No puedo dejar desamparado al niño pequeño que llevas dentro, al niño pequeño que eres, a veces, cuando te cansas de hacer el papel de chico guay del instituto y te vuelves tierno, y te acurrucas en mi pecho y me pides que no te deje nunca solo con tus monstruos... Si sacase tu existencia de mi por completo todo sería más fácil, todo. Incluso a veces me lo planteo, y pienso: ¿qué pasaría?. Pero saco  rápidamente esa vaga idea de mi cabeza, porque si me voy, si te dejo solo,
 ¿quién va a estar ahí para salvarte de ti mismo?


8 comentarios:

Angie Manzano dijo...

Han habido momentos en los que ya no sabía si hablabas de ti o de mí.
Aunque no sé si cuentas tu historia, puedo decir que yo si me he sentido totalmente identificada. Y cuando digo totalmente, es totalmente.
Cada palabra que has escrito, la he sentido o la siento aún.
Me ha gustado mucho. Parece que hayas activado un botón que andaba apagado desde hace algún tiempo en mi cabeza. Esto ya no me gusta tanto.
Has, o he de quedarme para salvarle de él mismo, ¿y quién nos salvará a nosotras?

No sé si te habrás dado cuenta, pero te sigo desde hace unos días. Es genial como escribes :)

Javi dijo...

Se podrá decir lo que se quiera, pero siempre acabamos conservando todo lo bueno que vivimos.

Lo malo es fácilmente más olvidable, sólo, por el simple hecho, de que es lo malo.

Naoko dijo...

Yo también me hago esa última pregunta mucho... Y la verdad es que él no necesita a nadie, no me necesita.

Pez de ciudad. dijo...

Me encanta. Y eso es ya una constante ;)

tierramojada dijo...

Marina, no se lo merece.
No. Y sin embargo lo seguimos haciendo: volvemos.
¿Por qué demonios volvemos? ¿Por qué demonios estoy esperando ese maldito (1) al lado de la ventana?

Siempre decimos que no volveremos a hacerlo, y lo hacemos. Volvemos.
Y se repite la misma historia.


Este texto es el que más me gusta de todos los que te he leído hasta ahora. Es como si éste fuera especial, distinto. Más desgarrador.
¡Nena, me has hecho llorar! Quizá lo necesitaba. Gracias, preciosa.

¿Sabes qué? Es imposible olvidar(le).


Quiero quedar contigo. Necesito quedar contigo.

Ross Shakesheave dijo...

"Me he drogado de nuevo con promesas imposibles".

Has conseguido tocar la vena sensible, Marina, más que nunca.

DANYGIRL dijo...

Todo iría mejor si quisieramos a la manera del otro.

tierramojada dijo...

¿Vas a dejar esta entrada para siempre?

Tengo ganas de leerte algo nuevo, señorita.


:)