miércoles, 18 de enero de 2012

eh, tú.

Se ve, que el día en el que repartieron las sonrisas bonitas tú estabas en primera fila.

     Estoy fumándome el último poema que (te) escribí mientras dormías a cientos de kilómetros aquí: allí.
El humo me sabe a vida, a estación de tren, a manos enlazadas, a sábanas con dibujos, a teléfonos de madrugada, a una canción de los Red Hot. Doy una calada profunda. Noto cómo los versos me atraviesan la garganta y bailan Jazz en mis pulmones. Los expulso de mi, los escupo al mundo, los libero. Pronto, se disfrazan de metáfora y se escriben en cualquier lugar en el que puedas encontrarlos, hacerlos tuyos, desnudarlos y acariciarlos hasta que su rima muera embriagada del placer más absoluto. Doy otra calada. Y al salir de mi, el humo proyecta en el espacio-tiempo imágenes de lo único que tenemos: un pasado imborrable, con algunas escenas de (des)amor. Aparto con mi mano esa nube de momentos y la tinta se pega a mi piel tatuándome un beso coleccionable.

Hace frío. Como todas las noches de ausencia. Me reconforta pensar que la vida es esto: echarnos de menos, querernos de más; tachar los días de un calendario, del año del fin del mundo. Me reconforta saber que existes,   que, a veces, tú también piensas en mi. Que todo es un desastre absolutamente maravilloso. Y que, por encima de todo y bajo todos los conceptos: 

te quiero. 

8 comentarios:

Naoko dijo...

Ya lo sabíamos.

Mike Aquarium. dijo...

Me encanta.

Un abrazo.

Una Foto En Blanco Y Negro dijo...

solo puedo decir que estoy ENCANTADA con tu entrada... me gusta un montooon, una forma de expresar, lo que muchos sentimos

un besito

Anónimo dijo...

Si tuviese sentimientos, lloraría.

tierramojada dijo...

Por encima de todo.

:)

Yo dijo...

me ha gustado

besos

Anónimo dijo...

Quien eras en tú otra vida?

Marina Miau dijo...

no lo sé.

¿tú lo sabes?