domingo, 19 de febrero de 2012

24 stairways to heaven.

Hoy es tu cumpleaños. Lo sé sin tener que mirar el calendario. Sin que suene ninguna alarma en el móvil.
Me preguntó dónde estarás. Con quién estarás. Qué estarás haciendo ahora. Te imagino en caravana, recorriendo pueblos perdidos de Asia. Te imagino cumpliendo tu sueño, uno de ellos, y saltando en paracaídas para sentir la muerte de cerca durante un rato. Te imagino en Rusia, debajo de una rubia de tetas grandes y ojos claros, cuyo nombre anotarías después en tu libreta de polvos, a lo Florentino Ariza en aquel gran libro de García Márquez. Te visiono tirado en un sofá de un apartamento de las afueras, viendo una de esas películas de gangsters en blanco y negro que coleccionabas. O dibujando siluetas de cuerpos desnudos en servilletas de bar. Te imagino borracho, tirado en la parada del metro de cualquier ciudad del mapa mundi. O escribiendo un poema de desamor, como la última vez que nos vimos. 

      Recuerdo el último cumpleaños que pasamos juntos. Llovía. No hubo tarta, porque tú odias las tartas. Estuvimos tirados en tu cama todo el día. Sonaba de fondo Led Zeppelin. Tu favorita era Stairway to Heaven. Hacía demasiado calor en aquella habitación para ser Febrero. Me quité la camiseta y me puse una  tuya de manga corta. Te quitaste la camiseta. O te la quité yo, no me acuerdo. Me fijé en aquel tatuaje de tu hombro. Una serie de grafías en chino, o japonés, o algo así. "¿Qué pone?", pregunté. Sonreíste. Con una de esas sonrisas amargas tuyas. Te sentaste sobre la mesa del escritorio, y comenzaste a liarte un porro. Me pediste fuego. Siempre llevo un mechero en el bolso, aunque no fume. "¿Ligas mucho con eso?", dijiste en tono burlón, "siempre he pensado que la gente que no fuma y lleva mechero lo hace para ligar con la gente que sí fuma. Aprovechan ese momento de desesperación en el que el mono te pide fuego urgente para dejar el mechero a cambio de un teléfono de contacto". Te miré seria, "Oh, has descubierto mi secreto... mi mayor arma de seducción, ahora tendré que matarte" dije apuntándote con esa pistola-de-mentira-que-parecía-de-verdad (como tú la llamabas) que habías comprado en un mercadillo de segunda mano en uno de tus viajes. "Seguro que alguien a muerto por culpa de esa pistola", musitaste pensativo, "No me mates, preciosa. O concédeme al menos antes un último deseo", susurraste mirándome insinuante. Disparé. Y nos echamos a reír, como idiotas, como dos felices idiotas.

 Le diste un par de caladas al porro y lo dejaste sobre el cenicero. Te acercaste. Te tumbaste apoyando la cabeza sobre mis piernas. Y expulsaste el humo creando sobre nosotros una nube blanquecina con olor a marihuana. Cerraste los ojos. "Son letras chinas. Es el nombre de mi primer amor". Intenté decir algo, pero seguiste hablando: "nunca en mi vida volveré a follarme a una pelirroja". Me hablaste de ti. De los amores que un día fueron importantes. Me hablaste de ella. De los cuatro años que pasasteis juntos. De cómo se enrolló con tu mejor amigo.  Me hablaste de ella como si fuese la peor mujer del mundo. "A veces tengo la sensación de que él la quiso más en unas pocas horas de lo que la supe querer yo en cuatro años", suspiraste sin abrir los ojos, como si las palabras fueran puñales que se clavan y hacen daño y los párpados fueran escudos supersónicos que te protegen de la cruda realidad. "Nunca llegó a ver el tatuaje, era una sorpresa, pero se fue antes, no se molestó en despedirse. No dijo "me voy, lo siento, te quise, te quiero, pero no puedo seguir así", ni siquiera me dijo "adiós, gilipollas, tu amigo folla mejor que tú". Hubiese preferido cualquiera de esas dos cosas antes que su silenciosa huida.". Abriste los ojos y me miraste. "Todos tenemos un pasado oscuro", dijiste acariciando aquella marca de tinta en tu piel. "El pasado es imborrable", concluiste.  Llegué a odiar ese tatuaje, y todo lo que significaba. En algunas ocasiones, cuando nos abrazábamos lo miraba de reojo. Y la rabia brotaba de todos mis vasos sanguíneos. Sentí celos de todas las mujeres a las que habías besado alguna vez, de las que quisiste y de las que pasaron por tu cama, sin amor de por medio. Pero no te lo dije nunca. Como tantas otras cosas. Como por ejemplo que llegué a quererte más de la cuenta.  Y que sabía que tú también me querías, a veces...

 Leo alguna de las cartas que me enviaste cuando aún manteníamos el contacto. Cuando aún nos preocupábamos de que lo nuestro no se apagara del todo. Cuando aún éramos capaces de fingir que nos echábamos de menos. Oh, pasan los años,  se acumulan los recuerdos, releo tus cartas una y otra vez,  revivo mentalmente algunas sensaciones, veo tus fotos, nuestras fotos, y me doy cuenta de una cosa: mi pasado oscuro eres tú. 

9 comentarios:

Barbara dijo...

Joder Marina, me encanta.

Yo dijo...

MARINA , MIRA QUE ESCRIBES COSAS GUAPAS,PERO ESTA ES LA MEJOR QUE TE HE LEÍDO HASTA AHORA ME HA ENCANTADO. HAY PARTES DE TU ESCRITO QUE ME RECUERDAN A MI.

UN BESO GUAPETONA

Princess_of_Hell dijo...

Es imposible hacer un comentario con un poco de sentido que este formado con algo más que un "me encanta".
Madre mía, hacía un montón que no escribias algo tan largo... es perfecto.

Pio dijo...

Él seguro que también se acuerda de ese cumpleños.
Estoy con los demás, maravillosos textos

Javi dijo...

Esa escalera debería ser interminable, pero los Led supieron hacerla larga, de unos 7 minutos.

El mechero es para ligar con alemanes y pedirles, a cambio, cosas indecentes.

Me ha encantado ^^

Ross Shakesheave dijo...

Todos tenemos ese pasado oscuro que nunca olvidaremos, aunque rompamos las cartas e intentemos no pensar.

Precioso. Y la canción, perfecta.

Palmoba dijo...

Que cierto!!!
Todos tenemos un hombre-pasado oscuro que aunque si-no se marcha de ahi!!

buen Post!

Jum dijo...

Marinilla siempre :)

Anónimo dijo...

La verdad es que me pregunto si es que tengo la duda de si rozas la sencillez o la perfección al escribir. Sublime