martes, 6 de marzo de 2012

¿Por qué escribo?

Me deslizo por las calles viejas y olvidadas de esta ciudad sin mar, sin agua. Seca. Llena de vidas. Evito cualquier mirada ajena, intrusa, evito tener que cruzarme con alguien. Soy nadie. Me siento extraña. Me sienta bien sentirme extraña. Me gusta ver hasta dónde soy capaz de llegar. Rozar mi(s) límite(s). Destruirme y reconstruirme cada vez que sea necesario. Estoy en un parque y nadie juega. Nadie ríe. Los niños prefieren otros parques más bonitos, más nuevos. Estoy sola en un parque y nadie juega. Cierro los ojos. Al abrirlos veo una niña. Se sienta en el columpio, se balancea. Soy yo. Sé que soy yo. La miro. Me mira. Me miro. Me pregunta: ¿por qué escribes? Me pregunto: ¿por qué escribo? A veces tengo miedo, de mi misma.

Llego a la habitación doscientos veintidós. Me siento delante del ordenador. Leo cosas. Leo cosas de mi pasado. De mi. De esa niña que me mira desde el columpio de un parque desierto. No sé cómo, ni por qué, descubro que él ha muerto. Que murió el siete de octubre del año pasado. Paro cardíaco. Me parece una muerte poética. El corazón dice: basta. Y todo termina. Como un libro. La muerte es como la última frase de la última página de un libro. La muerte es como la poesía. La poesía es como el amor. El amor, el sexo, la muerte y la poesía son la misma cosa. Son la última frase de la última página de un libro. 

Recuerdo aquella frase que me dijo: "la única regla para escribir, es que no hay reglas". Me liberó de la tiranía de los "esto se hace así". Hizo que me sintiese libre, al menos mientras escribía. Le conté la historia de un hombre que tenía miedo a las cigüeñas del campanario de la iglesia, me dijo que era una buena historia. Dijo que a él tampoco le gustaba el sonido que hacían las cigüeñas. Me recomendó que leyese a Margarite Duras. Y  a  Virginia Woolf. Y eso hice. Cuando le conocí deseaba con todas mis fuerzas ser escritora. Él me dijo: hazlo. Guardo buen recuerdo de aquellos días.

Investigo sobre su muerte. Sobre sus libros. Sobre la que fue su vida. Descubro que él también se preguntó un día  "¿por qué escribo?". Me siento identificada con sus palabras. He aquí un fragmento de ellas: 

"Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo cuando me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura solo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego."

Félix Romeo 

7 comentarios:

Jo dijo...

te leo desde hace tanto y siempre agradezco que no dejes de escribir
decia pizarnik una escritora argentina que amo que hay que hacerlo para evitar lo malo...
para no desfallecer

uno escribe y aun armando fantasias indefinidas nos mantiene vivos

tu con mis ojos llenitos....


besos y gracias a ti marina miau
eres maravillosa

Ross Shakesheave dijo...

Es un gran homenaje, Marina.
Cuando me enteré de su muerte, sentí un vacío que no supe expresar.
Aquellos días fueron maravillosos...

¿Quieres ser escritora? Ya lo eres, lo eres en todos estos escritos, en cada trocito de tu alma que pones en esas palabras.

¡Un beso!

Javi dijo...

¿Querrías saber cual es la última palabra de la última frase de la última página del libro de García Márquez, "El coronel no tiene a quien le escriba"?

Define tantas cosas...

Escribir es liberación. Por suerte, la fuerza de las palabras la determinamos nosotros.

Mike Aquarium. dijo...

Y espero que nunca dejes de hacerlo, porque me encanta,,,aunque sea desde el silencio.

Un abrazo.

Palmoba dijo...

Que cierto todo por lo que se escribe..que cierto.

Muñeca Rota dijo...

Y que precioso escribe. Dejó perfectamente descritas las sensaciones que tenemos cuando nos preguntmosa por qué uno escribe. Precioso!!!

neonenHD dijo...

La verdad es una ofensa, pues no le conozco.

Ahora bien, la verdad es un regalo. Tal vez le conozca.

La verdad es que me alegro de haber leído esto.

Y lo cierto es que escribir es todo lo que ha dicho este hombre.