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sábado, 5 de mayo de 2012

8, *.

Necesito venir aquí, de vez en cuando. A este maldito lugar, en el que siempre es veintiséis de febrero y  las noches son azules. Retumba en mi cabeza esa canción, que habla de esperanza, que habla de nosotros, en algún tiempo distante y turbio. Al final aprendimos a vivir con ello. A coquetear a oscuras del mundo. A escondernos, como culpables inconfesos del delito más fieramente inocente de la historia de la vida. Ansiábamos cumplir nuestro deseo, fuimos dos perros hambrientos encerrados en una jaula. Mordimos los barrotes. Intentamos escapar. En vano. Comprendí entonces, que hay cosas secretamente indestructibles. 


Ahora son otras las circunstancias. Somos los mismos, pero completamente diferentes. Solo queda de nosotros palabras, nostalgia de algo incompleto. Y es suficiente para permitirme sonreír. Sentir el cambio. Amar el cambio. Aunque, a veces, eche de menos...el mar. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué irónico.

Te susurraré... dijo...

El mar siempre se echa de menos.