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domingo, 3 de febrero de 2013

No leas este poema.

Me gustaría sentir
rabia
odio
y todo eso que se supone que sientes
cuando pasan estas cosas.

Pero no.

Siento una emoción indescriptible
fruto de una imaginación
cruel.

Estoy rota.
Maldita.

Estoy mirando la cama
y preguntándome
en qué pensabas la última vez que hicimos el amor.
Qué sentías aquella noche
mientras nos besábamos,
con las manos entrelazadas.

Soy a veces tan ingenua,
que tras leer aquel verso
no quise creerme que era cierto.
No quise ser consciente
de que la muerte
iba a llegar de madrugada.

Que llegue la luz,
por favor.
Que la vida,
de una hostia
me cure esta ceguera.

Solo quiero que se haga de día:

Que llegue la luz y lo destroce todo.



2 comentarios:

Javier González Calabria dijo...

Cuando se está mucho tiempo en tinieblas y llega la luz, es esta la que te ciega.

Pio dijo...

Uuf sin palabras...