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sábado, 27 de abril de 2013

Café sin azúcar.

«Ni una sola vez habían abierto la puerta que conduce hasta el alma.»

Henry Miller


Quería lo fácil.
El perfume que produce el roce de dos pieles
sin la monstruosa tormenta que engendran las palabras.

Huía a otros cuerpos en los que encontrar placer
sin esa extraña responsabilidad que conlleva
el amor.

Y sentía toda la vida brotándome de las entrañas,
no buscaba verdad
solo un refugio
un lugar en el que apaciguar mis demonios,
una ducha de agua fría en el infierno.

Era éxtasis del ahora,
la delicia
del momento exacto.

Sí.

Pero había días en los que despertaba,
desnuda
sobre la cama,
miraba las estrellas de sol de los agujeros de la persiana,
me revolvía entre las sábanas 
y pensaba
en lo vacía que estaba la habitación.
Que después de las buenas noches,
no había nadie
para el beso de 'buenos días'.

1 comentario:

N dijo...

A veces es un poco melancólica la sensación de despertarse sin un "buenos días" (y ya si le añades un "princesa" al final, se convierte en algo perfecto) que antes si te daban.
Me encanta tu forma de escribir :)
Un besín