viernes, 5 de abril de 2013

Máscara.

Lo peor del tiempo es cuando encajan las piezas macabras del puzzle. El teatro estaba vacío. Solo tú asistías, sentado en primera fila, a la agónica representación de mi paseo por el infierno. Grité tu nombre y un estruendoso eco dibujo grietas en las paredes. Giré los ojos hacía dentro y tuve miedo de mi. Sentí el cuchillo oxidado de una soledad cruel. Cada mentira era ácido deshaciéndome por dentro, devorando mis órganos vitales. Gritaba en silencio. Entonces me di cuenta de que en aquella función, siempre eran las 4.48 de la madrugada. Ansiada fuga del cuerpo que sufre. Un océano turbio se escapó de mis ojos inundando el escenario. Luego lo hice. Fin del primer acto. 

Tú aplaudías mientras se cerraba el telón. 

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