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domingo, 16 de junio de 2013

Bloomsday.


«Sí dije sí quiero Sí»
Monólogo de Molly Bloom, en el Ulises  de James Joyce.


Camino por las calles desérticas de esta ciudad a treinta y seis grados centígrados. Parece el escenario cruel de una película de ciencia ficción. Miro los grandes árboles de la avenida juntar el verde de sus hojas con el azul del cielo y me siento como una niña que se niega a soplar las velas y pincha los globos de su fiesta de cumpleaños.

En la parada del autobús coincido con una anciana china que me pregunta la hora. La soledad de la espera nos permite acompañarnos la una a la otra compartiendo unas palabras. Me habla de su hogar utilizando con dificultad lo poco que sabe de español, dice que se fue de allí intentando encontrarse a ella misma. En busca de un refugio en el que salvaguardarse de los avatares de la existencia. Le pregunto si lo ha conseguido y me sonríe, con los ojos nostálgicos; dos globos oculares que esconden todo lo que han visto. Sonríe, y esa es la respuesta. Una sonrisa y una mirada al infinito, a los fantasmas. Supongo que es suficiente.


Mi autobús se acerca y la señora me pregunta qué busco en aquel sitio al que voy. No sé qué responderle. "Creo que ver el mar, de nuevo", suspiro.  Parece satisfecha con mi motivo. "Buena suerte", me dice mientras subo las escaleras de mi transporte fuera de la metrópolis. Miro por la ventana como su figura se hace más pequeña a medida que me alejo. Hace calor y hablan de política por la radio. Pienso en los árboles de la avenida que juntan el verde de sus hojas con el azul del cielo. "Buena suerte", Buena suerte", sus palabras se repiten en mi mente como un presagio. Cuántos kilómetros habrá recorrido esa extraña para venir hasta aquí, a encontrarse con otra extraña y marcar para siempre su vida. Quién sabe cuánto influimos sin pretenderlo en la vida de los demás.        

Mi compañero de viaje está inmerso en la lectura del Ulises de Joyce. Buen día para leer ese libro, pienso.



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