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jueves, 6 de junio de 2013

Cuando amanezcas muerta.

Tatúate la palabra vida

con las cenizas de un ave Fénix.


Pasea descalza por las cornisas de los edificios que construyes

mientras sueñas. Tu mundo incontrolable. Algo que creas

y se escapa, y se vuelve contra ti cuando quiere.


Acaricia con el dedo índice la línea horizontal

que separa

el azul del cielo del color del mar. Enciende con una cerilla la luz del faro

y un cigarro, del que

escupas el humo como un tren que llega a su próximo destino.


Ahí está esperando.

Te espera como tantas otras veces

como en tantas otras vidas.

Hay un cartel luminoso que advierte del peligro de los reencuentros oníricos en estaciones de tren

"Besar puede matar".

Quizás tengan razón los poetas.


Yo solo te pido una cosa:

Cuando despiertes muerta,

y se te clave el sueño

levántate de la cama,  aunque cueste tanto como sostener el peso de tu Universo sobre los hombros

abre la ventana, atragántate de luz.

Luego ponte frente al espejo, mírate.  Permítete el lujo de sonreírte.

Y píntate los labios.

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