domingo, 4 de agosto de 2013

Me dijo: llámame cuando lo necesites, cuando quieras. Y de qué serviría marcar ahora mismo su número de teléfono, escucharle decir hola y no decir nada, porque nada de lo que diga va a cambiar nada. Me acuerdo de Madrid, aquella noche en la que no podía parar de llorar, se ha repetido muchas veces. Un macabro círculo vicioso. Hay un concierto de jazz en la tele. No me hacen efecto las pastillas de antes de dormir. Vosotros estaréis en vuestras camas durmiendo inofensivos soñantes cabrones. Y a mi no me queda más gin-tonic. Joder.

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