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jueves, 29 de agosto de 2013

"Mi testigo es el cielo vacío."


Súbitamente comprendí que todas las cosas sólo van y vienen 
incluido cualquier sentimiento de tristeza, también se irá.
 Triste hoy, alegre mañana; sobrio hoy, borracho mañana.
¿Por qué inquietarse tanto? 

Jack Kerouac.

En la calle los rastrojos del final de una tormenta de verano. Se respira mejor ahora. Más limpio, más puro, más vivo. El nido de pájaros que habita en mis pulmones vuela feliz haciéndome cosquillas con las alas en los alveolos. Me gusta el olor a lluvia, a calles mojadas, a noche sin estrellas. La vida y su colección de historias que se repiten. Veo películas de amor y leo libros de poetas malditos. Me repito: también las personas a las que amas te abandonan. Me pregunto: ¿Por qué se gasta, por qué mañana será otro día, por qué las oportunidades nacen de los desencuentros? El sonido de los grillos me parece una perfecta banda sonora. Hace frío, pero es un frío que resulta agradable, como el café de media tarde, como un abrazo inesperado. El corazón tiene sueño y se duerme. Los ojos cierran las persianas evitando la lámpara de luz de luna. Las manos acarician una baraja de póquer. La boca suspira: ¿por qué? También hay cosas que una no comprenderá nunca. Suena un teléfono a lo lejos. Imagino a dos amantes, ella en un país, él en otro, seis horas de diferencia: te llamaba para decirte que te echo de menos. 
Y yo también. Hasta el más pesimista es capaz de encontrar un motivo para sonreír.

1 comentario:

Pio dijo...

Olor a tierra mojada y los te echo de menos son muy mala combinación para el espíritu