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viernes, 13 de septiembre de 2013

El alma pesa 21g.

Estabas a mi lado pero yo te miraba de lejos. A la distancia perfecta a la que hay que colocarse para poder disfrutar un cuadro de Monet. Te miraba ahí, con toda la ciudad de fondo. Con todas las historias de fondo. Con todas las otras vidas de fondo. Tú me hablabas de las cosas que querías hacer antes de cumplir treinta años. Una larga lista detallada, un vivir el tiempo intensamente. Eso es. Éramos jóvenes y era la excusa perfecta para creernos inmortales. Jugábamos a imaginarnos la vida. Fumábamos poesía y otras drogas. Sentíamos el poder de la existencia a cada paso. Queríamos probarlo todo. Queríamos enamorarnos de cualquiera, aún sabiendo que podría destrozarnos el corazón. Qué más da. Cualquier cosa era posible. Porque éramos jóvenes. Asquerosamente jóvenes. Y no teníamos miedo a morir. 

2 comentarios:

N dijo...

Esta entrada me ha hecho sentir cierta nostalgia.
Me encanta la claridad con la que te expresas.

¡Un besín!

Pio dijo...

Mirar de lejos, a mi también me ha hecho sentir algo de nostalgia