Lo que hay aquí:

lunes, 23 de septiembre de 2013

Nunca les contaré este cuento a los niños perdidos.


Y así poco a poco fue deshojándose septiembre,
como un libro que muere,
como unos labios que se despiden,

con la sutileza con la que se realiza un cambio de proyector. 



Ese libro de J. M. Barrie en la mesilla,
el refugio de la noche  
gira en la segunda estrella, y sigue volando hasta el amanecer. 
Y sobretodo, guarda un dedal en la mano, por si acaso
encuentras a alguien que siga creyendo en la magia.

Sonríe y piensa que Nunca Jamás  tan solo es una isla.


Porque nunca jamás es tanto tiempo
que duele aceptar que sea real. 

No hay comentarios: