Lo que hay aquí:

sábado, 2 de noviembre de 2013

Así llega noviembre.

Lo malo de probar el éxtasis de la vida, su núcleo más profundo y placentero, el tiempo de delicia, el paraíso, lo malo es comprobar que se termina, como un pastel de cumpleaños, después de los aplausos, después de que todos hayan cantado y hayas soplado las velas deseando cosas imposibles. Lo malo es comprobar que después de la felicidad más absoluta, te encuentras en mitad de una fiesta solitaria, pinchando los globos,  barriendo el confeti, diciendo "sin ti"

Dormir para evitar soñar despierta. Arrastrar tu soledad por las cuatro esquinas de la cama y despertar para comprobar que nada ha cambiado. Que el cuadro sigue ahí, tapando un agujero en la pared. Que sigue siendo el mismo año que antes de cerrar los ojos. Entonces esa necesidad absurda de encontrar un sentido a la existencia. Ese morder la manzana para llenarnos el estómago de nutrientes, vitaminas para seguir manteniéndonos vivos. Seguir manteniéndonos vivos. Porque es importante. Mirar en el sofá el reflejo que produce la luz de la televisión y preguntarte: por qué es importante. 

Silencio. Agujas de reloj que se descuelgan. El tiempo se des-inventa y a quién le importa. Hay un momento en el que no quedan, ni libros, ni películas, ni cuadernos en blanco, ni fotografías, ni canciones, ni nada en toda la casa que te salve del exilio. Fuera llueve, sin mojar el suelo. Parpadea la luz de una farola y hace frío. En tu microcosmos el vacío poder de la memoria. La suerte de no pasar a la Historia, de permanecer en la pureza de lo inexistente. Haber estado aquí y terminarse, ser como un pastel de cumpleaños, hacer que esas personas que amas canten al unísono, sonrían, se alimenten de ti.  Poner en tu - arrítmico- corazón una vela, y soplarla. Tener la misión de cumplir un deseo imposible.  

2 comentarios:

N dijo...

Como siempre, tus entradas me dejan sin palabras.

Hay ocasiones en que nos sentimos vacíos, en que, después de la felicidad más absoluta, nos derrumbamos, sin saber como levantarnos luego. Sin embargo, como dices, el hacer feliz a las personas a las que quieres, hacen que todo merezca la pena, y que siempre exista una mano que te ayude tras una caída.

Un besín!

tierramojada dijo...

Odio que un texto me deje llorando. Lo odio. Porque significa que llega dentro, muy dentro, y toca una parte importante de mí.