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viernes, 29 de noviembre de 2013

Diecinueve pulsaciones por minuto.

"Puedes acariciar a la gente con palabras".

F. Scott Fitzgerald

Estoy sentada en una nube. No cabe duda, esta es mi casa. Y lo sé porque recuerdo a Benedetti: aquí sucedo, aquí me engaño inmensamente. Este puñado de nubes con formas preciosas son mi hogar. Anoche lloré mientras leía las cartas entre Zelda y Scott Fitzgerald.  El amor profundo siempre me hace llorar. No es nada nuevo. No es nada extraño en mi. No es sorprendente verme acurrucada en una esquina de mi vida llorándole a un poema. El corazón me late a diecinueve pulsaciones por minuto. Porque es invierno, y los osos se acurrucan en sus refugios y respiran tranquilos y oníricos. El corazón ve más allá de la punta del iceberg. Le dice a la orquesta que siga tocando hasta el final, como en el Titanic. No es sorprendente. No es nada nuevo. No es nada extraño en mi verme bailando en mitad de una fiesta de fantasmas. A veces estoy sola y sonrío. Miro fotos en 10 x 15. Las cuelgo en las paredes desnudas de mi memoria. No cabe duda, pienso, esta es mi casa detenida en el tiempo. 

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