sábado, 21 de diciembre de 2013

Suave es la noche (con fragmentos originales de cartas)



De Scott Fitzgerald
Univ. Princeton, Baltimore (Maryland)
Primavera de 1934

Pero, Cisne, flota suavemente porque eres un cisne, porque con la exquisita curva de tu cuello los dioses te concedieron un don especial, y aunque te lo fracturaras tropezando con algún puente construido por el hombre, se curaría y seguirías avanzando. Olvida el pasado, lo que puedas, y da la vuelta y nada de nuevo hasta mí, a tu refugio de siempre, aunque a veces parezca una cueva oscura iluminada con las antorchas de la furia, es el mejor refugio para ti, da la vuelta despacio en las aguas en las que te mueves y regresa. 


Se conocieron en un baile
y como en esas historias de película, él dijo
cásate conmigo, al final de la noche
ella dijo no. 

Pero Nueva York era demasiado pequeña
para evitar el encuentro.

El caos llama al caos
y produce
un intenso éxtasis
una risa profunda en los maravillosos años 20. 

DE Zelda Fitzgerald
Verano/otoño de 1930 Clínica Prangins, Nyon (Suiza)

Querido Scott:

Acabo de escribir a Newman pidiéndole que venga. Me dices que has estado pensando en el pasado. También yo lo he hecho, durante las semanas que llevo sin dormir más que tres o cuatro horas, envuelta en vendas, enferma e incapaz de leer. […]
Me recuerdan a nosotros.

Las cartas de amor,
los precipicios,
la fuerza necesaria para saltar
al vacío
cuando llega la locura y te susurra
que cualquier tiempo pasado fue
mejor.

DE Zelda Fitzgerald
Febrero de 1932 Clínica Phipps, Baltimore (Maryland)

Queridísimo:

Me dio muchísima pena verte marchar solo con tus zapatos nuevos. Las pequeñas vanidades humanas son en realidad lo más conmovedor de las personas que amamos. Las luchas y las emociones profundas, cuando te identificas directamente con ellas, pueden asumir un carácter épico inconsciente pero los pequeños detalles personales son siempre muy conmovedores.
Ella dijo de él que 
era hermoso
como un poema de Byron. 

Se amaron tanto
que incluso llegaron
a ser felices
estando sobrios.  

Es quizá el amor la guerra más difícil 
de la Generación Perdida

porque París es una fiesta pero siempre
hay alguien que llora
a este lado del paraíso. 

De Zelda Fitzgerald
Otoño de 1934 Hospital Sheppard-Enoch, Pratt Towson (Maryland)
Ven a verme, por favor.

Ven a verme, por favor.
Ven a verme, por favor
Se perdieron
como se pierden las cosas importantes
en silencio,
sin apenas darse cuenta. 

Dicen que pese a todo
fue "Zelda" la última palabra
de Scott
durante su segundo ataque al corazón.


Quién quiere la vista a ras del suelo
cuando se ha estado en lo alto de la noria. 


Me pregunto qué fue lo último que pensó ella cuando
ocho años más tarde
nadie supo salvarla
de su particular inferno. 

De Zelda Fitzgerald
Junio de 1935 Hospital Sheppard-Enoch Pratt, Towson (Maryland)

Queridísimo y siempre
Queridísimo Scott:
[…]
Te quiero de todos modos, aun cuando no exista ningún yo ni ningún amor siquiera vida alguna.
Te quiero.


(Lo han publicado aqui.)

No hay comentarios: