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domingo, 2 de marzo de 2014

Nocturno nº8.

«El cero es la mayor metáfora. El infinito la mayor analogía. La existencia el mayor símbolo.»

-Fernando Pessoa -


Dedicaría meses de mi vida únicamente al acto de acariciar la desnudez de tu cuerpo. Tocar tus costillas con la delicadeza con la que suenan los primeros segundos del Nocturno para piano, nº 8 de Chopin. Envolver mis sueños y colocarlos en el hueco que se forma en tus clavículas.


Yo te quería más cuando salías a cenar con otros, cuando bailabas en mitad del salón y no era conmigo.  Tú me querías más cuando era invisible, cuando hacía frío. Estábamos en una fiesta en la que todos reían menos tú. Quería abrazarte, quería sacarte de dentro toda la tristeza. Pero cuando me daba cuenta de eso, entre mis brazos estaba cualquier otra sonrisa. Qué guión tan cruel el que decidimos interpretar, que lúgubres los camerinos en los que nos maquillábamos las heridas. No sabíamos encontrarnos, porque cuando tú me buscabas, yo estaba en la cama deshecha de una mujer a la que no le importaba que Luces de la ciudad fuera mi película favorita. Y cuando te buscaba yo, tú estabas en otra galaxia, a mil años luz de aquí. A veces nos llamábamos por teléfono, para descubrirnos por casualidad en la cafetería más recóndita de la ciudad oscura. Y yo te decía "amor mío" y tú pedías un "café con leche doble de azúcar, por favor".  Me contabas cosas como que Júpiter tiene sesenta y siete lunas o que los cisnes emiten un dulce canto justo antes de morir. Me preguntaba entonces ¿cuánta poesía cabía en tu cabeza llena de pájaros? ¿cuántos pájaros cabían en tu cabeza llena de poesía? y deseaba volar allí, con ellos.


Las ventanas abiertas permiten la huída. No sabía decir no te vayas. No sabías qué deseo pedir al soplar las velas. Nos desnudábamos para hablar de la vida. Decías: hay que besar las cicatrices porque recuerdan "aquí hubo una herida", y es necesario besar las heridas que han tenido el valor de curarse. Y yo me sentía como Horacio en Rayuela, porque quería decirte: déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos. Aquella noche en vez de hacer el amor, hicimos la tristeza. Y amanecimos abrazados.

1 comentario:

Easy (a+b)² dijo...

Creo que es de las cosas más bellas que he podido leer en mi mierda de vida.