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lunes, 5 de mayo de 2014

paraísos artificiales.




«¿Tus sonetos limpios? Yo quiero tus borradores secretos más sucios, 
tu esperanza, en su más obscena magnificencia, ¡Oh Dios!»

- Allen Ginsberg -


Por fin salvajes
libres,
como jaulas convertidas en pájaros
como una playa virgen 
como la sonrisa de un niño que no sabe todavía
qué es la muerte. 

Movíamos nuestros cuerpos a destiempo
dejándolos fluir entre la música
cerrábamos los ojos para encontrar
figuras caleidoscópicas en las que perdernos;
el tiempo dejó de importar
siempre era ahora,
sonreíamos porque no había motivos para no hacerlo
al vernos embelesados por los ritmos
de una canción desconocida 
elegida como la perfecta banda sonora de
nuestra película. 

Eso éramos
un grupo de almas prófugas,
ciegos metafísicos que solo ven
el brillo precioso de las luces:
blancas, 
rojas, 
azules y amarillas.

Paraísos artificiales
abrazos psicodélicos, 
la certeza de estar en el lugar correcto

por fin salvajes
libres,
sintiendo de verdad que estamos vivos. 


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