lunes, 4 de agosto de 2014

Del latín re-cordis.



«¿Y quién no tiene un amor? 

¿Y quién no goza entre amapolas? 

¿Y quién no posee un fuego, una muerte, 
un miedo, algo horrible, 
aunque fuere con plumas 
aunque fuere con sonrisas?»

- Alejandra Pizarnik -



Estoy segura de que nacer duele. Quizá esto sea eso. Quizá este dolor sea tan solo el comienzo de una vida nueva. Quizá el nudo en la garganta, el vértigo. Quizá el martillo en la cabeza, la angustia. Quizá la opresión en el pecho, la ansiedad. Quizá sean solo síntomas, quizá sea solo un cuerpo recordando que está vivo. Un cuerpo que se recupera del naufragio. Un cuerpo destruyéndose para hacerse nuevo y sano. Silencio. Ahora aprender a andar de nuevo. Dormir sin pastillas. Despertarse sin pastillas. Dejar de controlar artificialmente los desajustes emocionales. Aguantar el síndrome de abstinencia. Aguantar el temblor y las náuseas. Aguantar las ganas de convertir esta habitación en una isla desierta. Y acariciar la desnudez del ave fénix.  Vencer la oscuridad intrínseca y emerger, lentamente, de entre los residuos de un cenicero. Aceptar el miedo. Coger con las manos limpias el corazón del amante,


 y besarlo.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

y tu corazón,
¿quién lo besa?

Yo dijo...

El corazón de un amante que no está, que ha huido con tu corazón

besos

Pez de ciudad. dijo...

Aprender. Aceptar. Y seguir, siempre.
Leerte es perpetuar el verano.