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jueves, 11 de diciembre de 2014

Sobre la luz atravesando esta ventana.



El olor del hospital te enseña
cómo aprender a despedirte de la infancia
cómo comprimir todo el amor en un beso
y hacer que ese beso
signifique.

El ruido de las camillas en el silencio
de la sala de espera
los pasajeros del ascensor a la sexta planta
y sus códigos secretos
para el dominio de la memoria.

Todo en este sitio me recuerda a
otros sitios
a otras canciones
a otros refugios extraños
que utilizamos para salvarnos
de la vida.

Todo en este sitio me parece un
mensaje extendiéndose
al resto del Universo.

Le he susurrado a tu nombre
el poema que encontré
en una foto en la que aun estábamos todos
he comprendido de qué manera mañana
será otro día.

El tacto del alcohol desinfectando
las manos
la falsa sensación de pureza en el ambiente
la palidez turbia de las paredes
todo en este lugar me resulta curioso
ajeno
extraordinario.

Los pasillos son largos, hay personas
atravesando puertas
hay personas rezando a dioses
maldiciendo a dioses,
hay personas mirando un reloj
que avanza.

Al final del pasillo
hay alguien que llora.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy bonita, muy real.

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Siempre tiene un encanto indefinible esa mezcla entre poesía y dolor, entre belleza y grietas vivenciales. Un placer encontrar tu poesía y mi enhorabuena por tu trabajo literario. Saludos fuertes desde Rivas (madrid)

danilita21 dijo...

Entonces me acuerdo porque nunca me han gustado los hospitales... Saben a desinfectante.

Anónimo dijo...

Es que es jodidamente precioso