jueves, 26 de noviembre de 2015

I.


porque a veces, cuando uno está en silencio demasiado tiempo las palabras se acumulan, se magnifican, se quedan atrapadas, se llenan de polvo y telarañas, se oxidan, se pudren, se decoloran, se evaporan, se vacían, se piensan a si mismas y se transforman, se maquillan, se contradicen, se simplifican - volviéndose más complejas -, se enorgullecen, se miran las unas a las otras, se reconocen, se aprenden, se perdonan, se recuerdan a si mismas en otros lugares, se debaten en un duelo a muerte, se comprenden, se ordenan siguiendo una lógica abstracta y cuando al final uno las dice: primero llueve y después el campo florece.






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